Hay un hombre en Colombia que dedico mas de tres decadas de su vida a la investigacion de uno de los fenomenos que mas preguntas dejan en el mundo buscando respuestas y reuniendo a otros investigadores colombianos invitandolos a la busqueda y a compartir las experiencias que pudieran explicar o arrojar luz en uno de los enigmas mas grandes de la humanidad.

William Chávez, ufólogo colombiano que nos dejó el 17 de febrero de 2023 despues de casi 40 años de investigacion del fenomeno ovni en el pais, construyó desde Bogotá uno de los archivos más persistentes sobre fenómenos aéreos anómalos en Colombia y posteriormente desde Tabio Cundinamarca. Lo hizo sin presupuesto estatal y, durante años, sin el apoyo de los grandes medios de comunicación. Sus investigaciones trascendieron a travez de los microfonos de distintas emisoras de radio o programas de television, y posterimente a las actividades del grupo contacto ovni de bogota.
Quién fue William Chávez
William Chávez fue el fundador y director de la Fundación Colombiana de Investigaciones Ufológicas, una de las organizaciones civiles más longevas del país dedicadas al estudio sistemático del fenómeno OVNI. Ingeniero de Sistemas egresado de la Universidad Distrital, dedicó más de cuatro décadas a investigar estos eventos, acumulando miles de testimonios y evidencia audiovisual documentada a lo largo de su carrera.
Desde los años noventa, su nombre aparece recurrentemente en programas de radio nocturna, ferias del libro y congresos de ufología latinoamericana. Para una generación de colombianos, fue la primera voz que abordó el tema sin ironía ni condescendencia.
Esto es significativo. En un país donde lo inexplicable se desechaba con burla o se atribuía a brujería, alguien comenzó a exigir método científico.
Chávez defendió tempranamente una posición incómoda para ambos extremos: el fenómeno debía documentarse con rigor académico, pero tampoco podía descartarse por resultar perturbador para el establishment científico. Esa doble exigencia lo colocó aislado entre dos trincheras ideológicas. Y asi nos lo hizo saber desde los microfonos de emisorias y programas de radio durante los 90s y 2000s y posteriormente fue invitado a multiples notas y programas de la television colombiana e internacional.
La red UFO de contactados se extendia mas alla de colombia, y no demoró en unir fuerza con contactados internacionales como Sixto Paz Wells, Jaime Maussan entre otros en los grandes congresos latinoamericanos del fenomeno ovni celebrados en bogota.
El método: por qué su trabajo no fue solo coleccionar informes
La ufología enfrenta un problema estructural fundamental: cualquiera puede afirmar que presenció un evento anómalo, pero muy pocos pueden demostrarlo.
Las metodologías de investigación de campo que Chávez defendió públicamente incluyen protocolos rigurosos y verificables: entrevista estructurada al testigo realizada de forma independiente, análisis de condiciones atmosféricas, descarte de tráfico aéreo comercial y militar, cartografía del terreno, y búsqueda de evidencia física residual.
Este último componente resulta particularmente relevante. Marcas en el suelo. Vegetación alterada. Comportamiento anómalo del ganado. Fallas eléctricas simultáneas en vehículos. Anomalías magnéticas registrables.
Cuando tres o cuatro de estos indicadores convergen en un mismo caso, la investigación trasciende la anécdota. Se convierte en un expediente con validez documental.
El valor real del archivo construido por investigadores como Chávez no reside en el caso espectacular aislado, sino en los patrones emergentes. Cientos de reportes aparentemente menores, organizados por geografía y cronología, revelan concentraciones y correlaciones que ningún testimonio individual podría demostrar por sí solo. Esa es la diferencia entre la recolección y la investigación científica.
Colombia como laboratorio: la geografía del fenómeno
Colombia tiene una particularidad que la ufología latinoamericana señala hace décadas. Es un país de montañas, selva densa, desiertos y dos océanos, con enormes zonas de baja densidad poblacional y control estatal intermitente.
Lo que significa que hay muchísimo territorio donde algo puede ocurrir sin que nadie lo registre oficialmente.
Ciertos puntos se repiten en la literatura ufológica nacional. La Peña de Juaica, en Cundinamarca, es probablemente el más citado de todos. Zona de avistamientos recurrentes, desapariciones reportadas y tradición indígena muisca asociada a lo sagrado. Lugar que mas tarde paso a ser el hogar permanente del Dr. William Chavez, quedandose a vivir en tabio cundinamarca, el cual es muy cercano a la peña de Juaica.

El Valle del Cauca aporta otro capítulo mayor con la esfera de Buga, un objeto que reactivó el debate nacional sobre materiales anómalos.
Súmele los Llanos Orientales, la Sierra Nevada de Santa Marta y el corredor del Magdalena Medio. Son territorios donde la presencia institucional fue débil durante el conflicto armado.
Existe una correlación que la ufología colombiana ha señalado sin poder resolver del todo. Muchas zonas de alta reportabilidad OVNI coinciden con áreas de conflicto armado prolongado. ¿Efecto de observación -más gente en el monte, más vigilancia nocturna-? ¿O confusión sistemática con operaciones militares no reconocidas? Ambas explicaciones son plausibles y ninguna cierra el expediente por completo.
Avistamientos OVNI en Colombia: el archivo que muy pocos heredan
Aquí está el punto que casi nunca se discute. En Colombia no existe -ni ha existido de forma sostenida- una oficina estatal dedicada a recibir, clasificar y analizar reportes de fenómenos aéreos anómalos.
Chile tiene el CEFAA, adscrito a su aeronáutica civil. Perú tuvo la DIFAA. Brasil desclasificó archivos militares completos y los depositó en su Archivo Nacional. Pero en Colombia, no.
Ese vacío lo llenaron investigadores civiles. Con sus recursos, sus contactos y su tiempo disponible. William Chávez pertenece a esa generación de ufólogos que hicieron trabajo de archivo estatal sin ser Estado.
El problema de los archivos privados es brutal: son frágiles. Dependen de una persona, de una bodega, de una familia que decida conservarlos cuando el investigador ya no esté.
Buena parte de la memoria ufológica colombiana del siglo XX corre riesgo real de desaparecer. No por censura, sino por abandono. Cajas de casetes, cuadernos, fotografías en papel y cintas VHS que nadie digitalizó.
Chávez construyó parte de su visibilidad en medios de comunicación colombianos, especialmente en radio y en programas de televisión de corte misterioso, además de conferencias y eventos de ufología en distintas ciudades del país.
La divulgación tiene un precio doble que conviene nombrar.
Primero: los medios buscan espectáculo, no matices. El investigador que dice “este caso tiene un 70% de probabilidad de ser un globo meteorológico” no vuelve al aire. El que afirma sin reservas, sí.
Segundo: la exposición pública convierte al investigador en pararrayos. Recibe la burla del sector académico y, simultáneamente, la presión del público que quiere confirmación emocional.
Navegar eso durante treinta años requiere una dedicacion particular. Es, quizás, el rasgo más constante en la trayectoria de los ufólogos latinoamericanos de su generación.

La línea que divide a la ufología
Conviene ser explícito sobre una fractura estructural del campo. La ufología latinoamericana se divide en dos enfoques distintos. La investigativa, que documenta casos y se abstiene de afirmar el origen del fenómeno. Y la contactista, que sostiene comunicación directa con inteligencias no humanas.
Ambas coexisten en Colombia, a menudo en los mismos espacios y, ocasionalmente, en el mismo investigador durante distintas etapas de su trayectoria. Esta tensión es global y define fundamentalmente qué tipo de credibilidad persigue cada sector.
El campo contactista ha sido históricamente más vulnerable a infiltración y manipulación informativa, precisamente porque no requiere verificación externa: basta el testimonio del contactado. Investigadores internacionales han documentado durante décadas que este es un vector ideal para sembrar desinformación y desacreditar el conjunto del movimiento. La hipótesis no es comprobable, pero explica coherentemente el patrón observado.
Sobre la ufología colombiana
Tres perspectivas que rara vez aparecen cuando la prensa nacional aborda el tema.
1. El componente indígena sistemáticamente ignorado
Los pueblos muisca, kogui, wiwa y arhuaco poseen tradiciones milenarias sobre seres celestes, luces vivas y territorios prohibidos que anteceden por siglos a la ufología moderna occidental.
La ufología occidental frecuentemente extrae esas narrativas como “evidencia” de visitas antiguas, descontextualizándolas completamente de su matriz epistémica. Se trata de un uso colonial del conocimiento ancestral.
Sin embargo, descartarlas también constituye un error metodológico. Los Mamos de la Sierra Nevada han transmitido durante generaciones la existencia de zonas donde la entrada está prohibida. Vale la pena interrogar esa advertencia sin traducirla apresuradamente al lenguaje de naves extraterrestres.
2. La ausencia estatal no es neutral
Que Colombia carezca de oficina institucional para fenómenos aéreos anómalos suele explicarse como insuficiencia de recursos o desinterés político. Es una explicación cómoda pero incompleta.
Un país cuyo espacio aéreo ha sido históricamente utilizado para operaciones de interdicción antinarcóticos, vuelos no registrados y presencia de tecnología militar extranjera tiene incentivos prácticos concretos para no crear un canal público donde los ciudadanos reporten objetos voladores no identificados. No es necesaria conspiración extraterrestre. La geopolítica ordinaria es suficiente.
3. El giro de 2017 cambió las reglas y nadie lo capitalizó
Documentado: en diciembre de 2017, The New York Times reveló la existencia del programa AATIP del Pentágono. Desde entonces, Estados Unidos estableció la AARO, el Congreso realizó audiencias públicas abiertas y el término UAP ingresó al vocabulario oficial.
La conversación global cambió de escala. Es posible reconstruir el proceso completo en nuestro análisis sobre desclasificación UAP.
Colombia no se movió. Décadas de investigación civil acumulada (el trabajo de Chávez y otros investigadores nacionales) nunca fue incorporada a instancia formal alguna cuando el clima internacional finalmente lo permitía.
Este es, quizás, el fracaso más significativo: no el de los ufólogos, sino el de instituciones que los ignoraron sistemáticamente cuando ya no existía justificación para hacerlo.
El legado de William Chavez
Gracias a William Chávez, ufólogo colombiano, hoy tenemos un camino de investigadores de campo que muchos entusiastas pueden seguir y continuar. El estudio del origen del fenómeno como algo que aun potencialmente puede traernos mayores verdades y conclusiones significativas asi como la recoleccion de testimonios y documentados : campesinos, pilotos, policías rurales, personas sin poder social que presenciaron algo anómalo y necesitaban narrarlo sin ser descreditadas por ello.
Eso posee valor documental independientemente de la conclusión final. Un archivo de testimonios es un archivo de testimonios.
También William formó audiencia pública. Miles de colombianos descubrieron por primera vez que existía una metodología para aproximarse a lo inexplicable que no fuera ni burla ni superstición.
Este artículo póstumo pretende rendir homenaje al investigador más significativo en este campo en tiempos recientes en Colombia, una gran perdida para todos nosotros, pero que mantiene un legado en los corazones de muchos de nosotros, un hombre que sin duda será recordado por quienes tuvieron la oportunidad de conocer su trabajo y, afortunadamente, por algunos que lo conocieron en persona.
