Hay un cerro en Cundinamarca donde, según quienes lo visitan, las brújulas pierden el norte, las cámaras captan lo que el ojo no alcanza a ver y los campesinos no se sorprenden ante las esferas luminosas, porque sus abuelos ya las veían. La Peña de Juaica se levanta entre los municipios de Tabio y Tenjo, a menos de una hora de Bogotá, y es considerada por muchos investigadores uno de los lugares con más avistamientos OVNI de Suramérica. Pero su historia no empieza con los ovnis. Empieza mucho antes, con los muiscas.
¿Qué tiene este cerro para convertirse en un imán de lo inexplicable? ¿Por qué una civilización precolombina lo consideraba un lugar sagrado siglos antes de que existiera la palabra “OVNI”? Y sobre todo: ¿por qué hay tan poca investigación seria en español sobre el que podría ser el punto caliente OVNI más activo del continente? En este artículo repasamos su historia, los testimonios y las hipótesis, y lo hacemos separando siempre lo que se reporta de lo que está probado.

Un cerro sagrado antes de las luces
La Peña de Juaica es una formación rocosa imponente que se eleva a unos 3.100 metros sobre el nivel del mar en la Sabana de Bogotá. Su silueta, visible desde varios municipios, domina el paisaje como un vigía de piedra. Pero su importancia no es solo geológica.
Para los muiscas, la confederación de pueblos que habitó el altiplano cundiboyacense antes de la conquista española, Juaica era mucho más que un cerro: era un lugar de poder, un punto donde el mundo visible se encontraba con el invisible. La palabra Juaica tiene raíces en el muysccubun, la lengua muisca, aunque su etimología exacta sigue en debate entre lingüistas e historiadores.
Los cerros elevados de la Sabana eran considerados sitios de conexión cósmica. Allí los jeques, sacerdotes y guías espirituales, realizaban ceremonias para comunicarse con las fuerzas que gobernaban el universo.
Cosmología muisca: Chiminigagua y los seres de luz
Para entender por qué Juaica importaba tanto, hay que entender la cosmología muisca. Según su tradición oral, en el principio solo existía Chiminigagua, el origen de todo, que contenía la luz. De ahí surgió la creación. Los muiscas veneraban a Sua (el sol) y a Chía (la luna) como manifestaciones de esa energía primordial.
Los cerros sagrados, como Monserrate, Guadalupe y, de forma muy especial, Juaica, funcionaban como antenas naturales: puntos donde esa energía se concentraba. Según las crónicas, los jeques subían a ayunar, meditar y recibir visiones de seres luminosos.
¿Visiones místicas? ¿Alucinaciones rituales? ¿O algo que hoy llamaríamos con otro nombre? Algunos autores, entre ellos Miguel Triana en La civilización chibcha (1922), han interpretado las referencias muiscas a luces y entidades en los cerros como el antecedente de lo que hoy se reporta. Triana no usó la palabra OVNI, que no existía, pero la lectura que hacen hoy varios investigadores resulta llamativa.
Los primeros avistamientos modernos
El salto entre la tradición muisca y los reportes modernos no es tan largo como parece. Los habitantes de Tabio y Tenjo nunca dejaron de ver luces extrañas sobre el cerro. Lo que cambió fue el lenguaje para describirlas.
Las crónicas también dejan huella. Según lo que se cuenta en la tradición local, los primeros conquistadores españoles habrían llamado a la peña (Huaika) el “cerro de las luces danzantes”, y se menciona un primer registro de luces en el lugar en el año 1542. Son referencias que circulan en la literatura ufológica local y que conviene tratar con prudencia mientras no se localice la crónica original.
Los registros contemporáneos comienzan a consolidarse en las décadas de 1960 y 1970, en plena oleada mundial de avistamientos. Mientras ciudades como Bogotá, Cali y Medellín reportaban objetos aislados, en Tabio y Tenjo los avistamientos eran recurrentes y localizados: siempre sobre la Peña y con características similares. Los testimonios recogidos por investigadores locales y grupos ufológicos describen un patrón:
- Esferas luminosas blancas, anaranjadas o azuladas que se desplazan sobre la cresta.
- Luces estáticas que permanecen suspendidas minutos u horas y luego desaparecen.
- Objetos estructurados, con forma de disco o triángulo, que emergen aparentemente desde detrás de la roca.
- Cambios súbitos de dirección a velocidades que descartan aeronaves convencionales.
- Silencio absoluto durante los avistamientos, incluso a baja altitud.
Lo más llamativo no es un avistamiento aislado, sino la repetición sistemática del fenómeno en el mismo punto, década tras década.
William Chaves Ariza y la documentación del fenómeno
Si hay un nombre asociado a la investigación de campo en Juaica es el de William Chaves Ariza. Este investigador colombiano dedicó años a documentar el cerro combinando observación directa, registro fotográfico y en video, y recopilación de testimonios de los vecinos. Puedes conocer más sobre su trabajo en nuestro perfil de William Chavez, ufólogo colombiano.
Según sus reportes, organizó numerosas expediciones nocturnas con cámaras, binoculares y, en ocasiones, equipos básicos de medición electromagnética. Sus registros, compartidos en conferencias y foros ufológicos, incluyen fotografías y videos de puntos luminosos con comportamiento anómalo.
Entre sus hallazgos más citados están las variaciones electromagnéticas: brújulas con comportamientos erráticos en zonas específicas de la roca y equipos electrónicos con interferencias. Son observaciones que no han sido replicadas con instrumentos de laboratorio certificados, pero que coinciden con reportes de otros puntos calientes, como Skinwalker Ranch en Utah o la Zona del Silencio en México. También recogió testimonios de campesinos de la vereda Juaica, en Tabio, que hablan de luces que los siguen por los caminos, animales que se alteran antes de los avistamientos y una sensación de “presencia” al caer la noche.
Testimonios que no aparecen en los medios
Uno de los aspectos más subvalorados es la consistencia de los testimonios campesinos. No hablamos de aficionados que suben al cerro buscando ovnis, sino de personas que viven en sus faldas, trabajan la tierra y cuentan experiencias transmitidas de generación en generación.
Un agricultor de la vereda, identificado en los relatos como Don Luis Hernández, describió así lo que ve desde su finca: “Esas luces llevan ahí toda la vida. Mi papá las veía, mi abuelo las veía. No son aviones. Los aviones hacen ruido y van en línea recta. Esas luces se quedan quietas, se mueven para un lado, se devuelven, y a veces se meten detrás de la peña como si entraran por una puerta”.
La imagen de luces que entran “como por una puerta” se repite en varios relatos. No es lenguaje técnico ni vocabulario ufológico: es la descripción llana de algo que estas personas observan con regularidad.

Otros testimonios vienen de caminantes y excursionistas: desorientación en ciertos tramos del ascenso, sensación de pesadez o de ligereza extrema, y zumbidos graves que parecen emanar de la roca. ¿Sugestión colectiva? ¿Efectos geológicos aún sin estudiar? ¿O algo que requiere un marco de comprensión que todavía no tenemos?
Dos casos con nombre propio: la abducción de 1991 y el audio de 2014
Además de los relatos anónimos, hay casos que se han contado con nombre y fecha. Los resumimos aquí; el detalle completo está en nuestro primer artículo sobre la Peña de Juaica.
El caso de Luis Roberto Rodríguez (1991)
Según el relato que recoge el ufólogo William Chavez, Luis Roberto Rodríguez era un campesino que vivía en una finca de Tenjo. Contaba que en las madrugadas veía en el horizonte una figura que describía como un gran “plátano volador”, algo a lo que su esposa, incrédula, no daba importancia.
En la madrugada del 2 de abril de 1991 se levantó para mirar mejor una luz que destellaba desde su ventana y vio un objeto sobrevolando los terrenos de su finca. Luego, según sus testimonios posteriores a Chavez, estuvo tres días desaparecido sin saber nada de su familia. Contó que lo introdujeron en una cabina de cristal donde había tres seres con trajes plateados, que lo hicieron desnudarse y le colocaron un vidrio en la espalda.
“Siempre que la luz se encendía, yo perdía el conocimiento y veía un túnel con muchas entradas, como si estuviera a bordo de un avión volando por las escarpadas cordilleras.”
Esa frase se atribuye a una publicación del diario El Tiempo del 5 de abril de 1991. Según el mismo relato, tras los tres días Rodríguez apareció caminando solo por un potrero cerca de Pitalito, en el Huila, a más de 400 kilómetros de Tenjo, y se presentó en la estación de policía del pueblo. Es una historia llamativa, aunque, como en todos los casos de este tipo, no existe una verificación independiente de lo ocurrido durante esos tres días.
El audio de Alejandro Montoya (2014)
El segundo caso es sonoro. En 2014, el programa de radio El Cartel de la Mega, dirigido por Daniel Tres Palacios, realizó una serie de especiales en vivo desde la Peña de Juaica, recopilando testimonios en el lugar. En uno de ellos, el investigador local Alejandro Montoya presentó un registro de audio captado en la madrugada desde su apartamento en Tabio, que según él corresponde al paso de un objeto sobre su casa.
Es un documento interesante porque se puede escuchar y analizar, algo poco común en este tipo de relatos. Dicho esto, un audio por sí solo no permite saber qué lo produjo: haría falta contrastar la fecha y hora con el tráfico aéreo y revisar el archivo original. Montoya reaparece años después en la prensa como voz de la zona, por ejemplo en Semana (2024), que lo cita como investigador de Tabio.
La hipótesis geológica: ¿la roca produce las luces?
Una línea de investigación intenta explicar las luces desde la geología: las llamadas luces de terremoto (earthquake lights), un fenómeno descrito por la ciencia en el que las tensiones tectónicas generan descargas luminosas en la superficie.
La Sabana de Bogotá se asienta sobre un sistema de fallas geológicas, y Tabio y Tenjo están en una zona de actividad sísmica moderada. Según esta hipótesis, la presión sobre rocas ricas en cuarzo podría generar el efecto piezoeléctrico: liberación de cargas eléctricas cuando el cristal se somete a presión mecánica.
El investigador canadiense Michael Persinger, de la Universidad Laurentian, estudió durante décadas la relación entre campos electromagnéticos, actividad tectónica y experiencias anómalas. Su trabajo sugiere que esos campos podrían producir luces y también alteraciones de la percepción, como sensación de presencia o desorientación.
¿Explica todo lo que se reporta en Juaica? No del todo. Podría dar cuenta de algunas luces difusas, pero no de los objetos estructurados ni de los cambios de dirección que describen varios testigos. Tratarla como la explicación definitiva sería tan reduccionista como ignorarla.
Juaica como portal: la hipótesis interdimensional
Una línea de investigación no oficial sostiene que Juaica no es solo un lugar donde se ven ovnis, sino un portal interdimensional: un punto donde las barreras entre realidades se adelgazan.
La idea no es exclusiva de este cerro. Jacques Vallée, astrofísico y pionero de la ufología científica, ha defendido durante décadas que el fenómeno OVNI podría no ser extraterrestre en el sentido clásico, sino interdimensional. Lo que hace interesante a Juaica para esta hipótesis es la convergencia de factores:
- Reconocimiento ancestral: los muiscas ya lo identificaban como punto de contacto con lo no humano.
- Actividad persistente: los fenómenos se reportan a lo largo de siglos.
- Anomalías electromagnéticas: reportes de brújulas y equipos alterados.
- Efectos perceptuales: alteraciones sensoriales en los visitantes.
- Comportamiento aparentemente inteligente: luces con patrones que sugieren intencionalidad.
Algunos investigadores afirman que, al trazar líneas entre Juaica, Monserrate, Guadalupe, la laguna de Guatavita y otros sitios sagrados muiscas, emergen patrones geométricos parecidos a las líneas ley europeas. Esta idea plantea que los muiscas identificaron una red energética natural y construyeron su cosmología alrededor de ella. Es una hipótesis sugerente, pero sin comprobación científica.
¿Se puede visitar la Peña de Juaica?
A diferencia de muchos “puntos calientes” del mundo, vallados o militarizados, Juaica ha sido históricamente un lugar al que la gente podía acercarse. El acceso más común parte de Tabio, Cundinamarca, a unos 45 kilómetros al noroccidente de Bogotá, y de allí un camino rural lleva a la vereda Juaica.
Importante: según la prensa, el cerro ha tenido restricciones de acceso por daños ambientales y seguridad, con el pacto “Juaica es de todos” entre los municipios de Tabio, Tenjo y Subachoque. Antes de planear cualquier visita, consulta con las alcaldías y respeta las normas del lugar. No hagas fogatas, no dejes basura y no subas por tu cuenta de noche.
Los grupos de investigación ufológica han organizado vigilias nocturnas en las faldas de la Peña, preferentemente en noches de luna nueva y en los meses de menor nubosidad, entre diciembre y marzo. ¿Qué han encontrado quienes van? Los reportes varían. Hay quienes no ven nada fuera de lo normal; hay quienes captan puntos luminosos con la cámara que no veían a simple vista, algo que algunos atribuyen a la sensibilidad del sensor digital; y hay quienes describen sensaciones físicas inusuales o la impresión de que el tiempo pasa distinto.

Un testimonio recurrente es el de las luces que responden: varios grupos dicen que, al apuntar con linternas, las luces parecen reaccionar. En la ufología se conoce como CE-5 (contacto del quinto tipo), y ha sido promovido por el Dr. Steven Greer en sus protocolos de contacto.
¿Por qué Juaica no recibe la atención que merece?
La Peña de Juaica acumula más de medio siglo de reportes, respaldo en la tradición muisca, cientos de testigos directos y una ubicación a menos de una hora de una capital con universidades y centros de investigación. Sin embargo, hasta donde sabemos no existe un estudio científico formal publicado sobre sus fenómenos. La respuesta tiene varias capas:
- Estigma académico: en Colombia, como en gran parte de América Latina, investigar fenómenos anómalos puede costar credibilidad y financiación.
- Factor cultural: los medios tratan el tema con humor y condescendencia, lo que impide una aproximación de largo aliento.
- Rumores no verificados: algunos investigadores hablan de presencia militar y restricciones de acceso sin explicación pública. Son testimonios no confirmados de forma independiente, así que los consignamos solo como especulación.
El contraste con otros países es revelador. En Estados Unidos, el Congreso ha celebrado audiencias sobre UAP, como contamos en UAP Congreso 2026. En Francia, el GEIPAN, parte del Centro Nacional de Estudios Espaciales, investiga avistamientos desde 1977. En Chile opera el CEFAA. Colombia no tiene nada equivalente.
Juaica en el contexto global
La Peña de Juaica no existe en el vacío. Hay paralelos con otros puntos calientes:
- Hessdalen, Noruega: un valle con luces recurrentes desde la década de 1980, con estaciones de monitoreo permanente. Sus luces comparten con las de Juaica la recurrencia en un punto fijo y la asociación con terreno rico en minerales.
- Skinwalker Ranch, Utah: un rancho con luces anómalas, alteraciones perceptuales y una tradición indígena que lo consideraba territorio de entidades no humanas, estudiado en el pasado con financiación del Departamento de Defensa de EE. UU.
- Otros casos en Colombia: como los encuentros extraterrestres en Zarzal, que muestran que el territorio colombiano guarda más de una historia por contar.
En un contexto de creciente apertura hacia la desclasificación UAP, Juaica representa una oportunidad: un lugar con actividad recurrente, tradición histórica documentada y cercanía a la capital. Falta la voluntad institucional de mirarlo con seriedad. Si quieres ver cómo contamos este lugar hace años, lee nuestro primer artículo sobre la Peña de Juaica.
Preguntas frecuentes
¿Dónde queda la Peña de Juaica?
En la Sabana de Bogotá, en Cundinamarca, entre los municipios de Tabio y Tenjo, a unos 45 kilómetros de Bogotá.
¿Por qué se la considera un punto caliente OVNI?
Por la repetición de reportes de luces y objetos sobre el cerro durante décadas, por los testimonios de vecinos y por su importancia en la tradición muisca.
¿Qué dice la ciencia sobre las luces?
No hay un estudio formal sobre Juaica. Existen hipótesis geológicas, como las luces de terremoto, y explicaciones convencionales como aeronaves, planetas o efectos de cámara.
¿Se puede subir hoy?
Han existido restricciones por daños ambientales. Consulta con las alcaldías antes de visitarla.
Lo que la Peña de Juaica sigue guardando
Hay algo profundamente significativo en que un cerro de la Sabana de Bogotá, venerado como portal sagrado por los muiscas, siga produciendo hoy los fenómenos que aquella civilización describía. Cambió el lenguaje, la cultura y los observadores, pero el fenómeno persiste.
La Peña de Juaica no pide que se crea en ella. Pide que se la investigue, con instrumentación seria y protocolos científicos, como se estudia un volcán activo o una falla peligrosa. Si lo que ocurre es un fenómeno natural desconocido, merece estudio. Y si es algo más, merece aún más atención.
La pregunta no es solo si el fenómeno es real. Es: ¿estamos dispuestos a buscar las respuestas que la Peña lleva siglos ofreciendo?
La verdad no siempre está donde el consenso la busca.
